domingo, 16 de octubre de 2011

Portugal

En lo que yo pude ver durante estos cuatro meses, Lisboa me pareció la ciudad más Latinoamericana de Europa. No tanto en la arquitectura sino en las personas, en las costumbres y en el estilo de vida.
Poco tiene del impecable orden alemán, de la bohemia parisina y de las ruinas romanas. Pero tiene todo lo que se necesita para vivir feliz: muchas canchas de futbol 5, un castillo, un barrio que solo vive de noche y algunas playas.
Las playas no son increíbles en Lisboa (son mejores al Sur). El agua es bastante fría y suelen estar llenas los fines de semana pero son ideales para salir del trabajo y tirarse en la arena hasta que oscurece. También se puede ir a cenar en alguno de los barcitos que dan a la playa y tomarse unas sangrías. Nada mal.




El centro de Lisboa tiene su encanto. Entre los tranvías que suben y bajan las innumerables colinas, la vista del Castillo de San Jorge que protege la entrada de la bahía y las callecitas adoquinadas que se mezclan como en un laberinto, Esta es la parte de la ciudad que te recuerda que todavía estas en Europa.




A unos minutos del castillo esta el barrio de Belem. Una zona ahora turística pero que hace varios siglos vio partir y llegar miles de barcos cargados de especias de Asia, piedras preciosas y esclavos de África y marineros sin futuro que eran enviados a las colonias del Brasil y África. Es en este barrio donde se puede comer uno de los orgullos Lisbonenses (¿existe esa palabra?): Los “pasteis de Belem”. Una factura de hojaldre rellena de una “crema especial” tipo pastelera, dorados en el horno y cubiertos de azúcar impalpable.





El norte de la ciudad es una zona más bien residencial, de shoppings y de autopistas. Ahí es donde están los estadios de fútbol de dos de los tres equipos mas grande de Portugal: Benfica y Sporting.




Barrio Alto es un lugar muy especial. Es un área de cinco cuadras de lado, donde hay más restaurantes, bares, clubes y puestos de bebidas que adoquines en las callecitas. El Barrio comienza a tomar vida cerca de las 10 de la noche y dura hasta las 3 de la mañana. Durante esas horas ningún policía pone pie en los adoquines, y nadie se queja de nada. La gente toma, baila y se ríe en la calle, como si fuera el patio de su casa. Eso si, a las 3am, todas las persianas de los locales caen, como si el malo de una película de vaqueros hubiera llegado al pueblo y la máquina limpia calle comienza a correr a todos.



A unos cuantos kilómetros de Lisboa está la ciudad de Sintra. Una villa que creció alrededor de un castillo donde el paisaje es bastante especial y todavía se puede encontrar un poco de misterio en algunos rincones y casas abandonadas. Como la “Quinta de Regaleira”, una mansión de un portugues muy importante que parece estaba involucrado en alguna logia masónica, y ahora el palacio esta abierto al público. Lastima que el pueblo no esta preparado para recibir mucha gente y las calles angostas y empinadas no ayudan a evitar los embotellamientos.





A cuatro horas de colectivo desde Lisboa está Porto, otra ciudad muy importante de Portugal, famosa por sus vinos y su equipo de futbol. Es más pequeña que Lisboa, y tiene un ambiente diferente. Con grandes puentes uniendo las distintas partes de la ciudad y una rivera a lo largo del río, es una escapada perfecta para un fin de semana. (Perdón que no hay fotos de Porto, me quede sin baterías)
No voy a mentir, esperaba un choque cultural un poco más grande y no lo tuve en Europa. ¿Será que Buenos Aires es muy “Europea”?¿Será que somos tan poco originales? Sin embargo no me puedo quejar. Lisboa es una ciudad muy interesante y los portugueses son gente muy viva, mucho más amigable y “relajada” que el resto de Europa, mucho más latinos.

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